Una historia cuenta que un hijo y su padre, que vivían en campos pegados, tuvieron un conflicto familiar. Todo comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta transformarse en una diferencia mayor entre ellos, con intercambio de palabras amargas, seguidas de semanas de silencio.
Una mañana, un hombre con herramientas de carpintero llamo a la puerta del hijo.
-Buenos días. Estoy buscando trabajo. ¿Quiere usted mis servicios?
-Si, si, tengo trabajo para usted -respondió el hijo con cara de satisfacción-. Mire, al otro lado del arroyo, en aquel campo vive mi vecino. Bueno, en realidad es mi padre. Siempre esta molestándome, pero esta vez le voy a hacer la mejor jugada. ¿Ve ese montón de madera al lado del galpón? Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de alto. ¡No quiero volver a verlo nunca más!
-Comprendo su situación. Muéstreme donde están los clavos y le entregaré un trabajo que le dará toda la satisfacción que busca -exclamo el carpintero.
Arreglaron precio y se puso manos a la obra.
El carpintero trabajo sin descanso: coto, clavó... hasta terminar su trabajo al atardecer. El hijo quedó perplejo, con la boca y los ojos muy abiertos...
- ¿Y la cerca? -preguntó contrariado.
¡No había ninguna cerca de dos metros! En su lugar, se veía un puente. ¡Un puente que una los dos campos a través del arroyo! Era una fina piesa de carpinteria.
En ese momento el padre vino a través del puente y abrasando a su hijo, le dijo:
-Eres un gran hijo... mira que construir un puente después de lo que yo te he hecho.
Y mientras se estaba reconciliando, vieron que el carpintero, recogiendo sus herramientas se estaba yendo.
¡No. espera! -le pidió el hijo-. Quédate unos días más... tengo más trabajo para ti.
-Me gustaría quedarme -dijo el hombre- pero todavía me quedan muchos puentes por construir...
Tal vez... el tuyo.
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